Ricardo Flores Magón

El Partido Liberal Mexicano, en 1906, publica en San Luis Missouri, el 1º de julio, y firmado por Ricardo Flores Magón, publica el “Programa y manifiesto” hacía una serie de propuestas de reformas constitucionales necesarias en el país y que eran parte del programa de acción. Flores Magón insistía en la necesidad de transformar las instituciones para que éstas llevaran al camino libertario. La transformación de las instituciones implicaba transformaciones constitucionales y legislativas. Ahí van algunas de éstas: 1. Reducción periodo presidencial a cuatro años. 2. Supresión de la reelección para el Presidente. (…) 4. Supresión del servicio social obligatorio y establecimiento de la guardia nacional. Los que presten servicio al ejército lo harán libre y voluntariamente. Se revisará la ordenanza militar para suprimir de ella lo que se considere opresivo y humillante para la dignidad del hombre, y se mejorarán los haberes de los que sirven en la milicia nacional. 5. Reformar y reglamentar los artículos 6ª y 7ª Constitucionales, suprimiendo las restricciones que la vida privada y la paz pública imponen a las libertades de palabra y de prensa, y declarando que sólo se castigarán en este sentido la falta de verdad que entrañe dolo, el chantaje y las violaciones de la ley en lo relativo a la moral. 6. Abolición de la pena de muerte. 7. Agravar la responsabilidad de los servidores públicos, imponiendo penas de prisión para los delincuentes. (…) 9. Supresión de tribunales militares en tiempo de paz. 10. Multiplicación escuelas primarias. 11. Obligación de impartir enseñanza netamente laica en todas las escuelas de la República, sean del Gobierno y particulares. (…) 13. Pagar buenos sueldos a maestros de primaria. (…) 16. Prohibir la inmigración china. 17. Los templos se consideran como negocios mercantiles, quedando por tanto obligados a llevar contabilidad y pagar las contribuciones correspondientes. (…) 22. Reglamentación del servicio doméstico y del trabajo a domicilio. (…) 24. Prohibir en lo absoluto el empleo de niños menores de catorce años. 25. Obligar a los dueños de minas, fábricas, taleres, etc., a mantener en las mejores condiciones de higiene sus propiedades y a guardar los lugares de peligro en un estado que preste seguridad a la vida de los operarios. (…) 41. Hacer práctico el juicio de amparo, simplificando los procedimientos. 42. Establecer la igualdad para todos hijos de un mismo padre… 43. Establecer, cuando sea posible, colonias penitenciarias de regeneración, en lugar de cárceles y penitenciarías en que hoy sufren el castigo los delincuentes. (…) 46. Reorganización de los municipios que han sido suprimidos y robustecimiento del poder municipal. (…) 48. Protección de la raza indígena. 49. Establecer lazos de unión con los países latinoamericanos. (…)” Este programa se presentó e 1906. Antes que el Plan de San Luis, el Plan de Ayala, el Plan de Guadalupe, y obviamente antes de la Constitución de 1917. En la historia constitucional mexicana este documento de vanguardia ha sido poco estudiado, quizá por las mismas razones que Flores Magón es un personaje poco estudiado en la historia nacional. Desde el exilio, no se puede llevar a cabo un programa de gobierno, era necesario regresar a México y llevarlo a cabo. Cuatro años después, a punto de estallar el movimiento revolucionario de Madero, escribía Ricardo Flores Magón, el 19 de noviembre de 1910 en Regeneración, lo que veía en el movimiento revolucionario naciente y hacía las advertencias que, sobra decir, fueron las profecías sobre el final de la lucha armada. Flores Magón entendió antes que muchos, que la revolución tenía que construirse con base en la ciencia, y que el movimiento que iniciaba Madero, no significaba la verdadera Revolución que México necesitaba.

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“Está para caer el fruto bien maduro de la revuelta intestina; el fruto amargo para todos los engreídos con una situación que produce honores, requizas, distinciones a los que fundan sus goces en el dolor y en la esclavitud de la humanidad; pero fruto dulce y amable para todos los que por cualquier motivo han sentido sobre su dignidad las pezuñas de las bestias que una una noche de treinta y cuatro años han robado, han violado, han matado, han engañado, han traicionado, ocultando sus crímenes bajo el manto de la ley, esquivando el castigo tras la investidura. (…) La Revolución va a estallar de un momento a otro. Los que por tantos años hemos estado atentos a todos los incidentes de la vida social y política del pueblo mexicano, no podemos engañarnos. Los síntomas del formidable cataclismo no dejan lugar a la duda de que algo está por surgir y algo por derrumbarse, de que algo va a levantarse y algo está por caer. Por fin, después de treinta y cuatro años de vergüenza, va a levantar la cabeza el pueblo mexicano y por fin, después de esa larga noche, va a quedar convertido en ruinas el negro edificio cuya pesadumbre nos ahogaba. Es oportuno ahora volver a decir lo que tanto hemos dicho: hay que hacer de este movimiento, causado por la desesperación, no sea el movimiento ciego del que hace un esfuerzo para librarse del peso de un enorme fardo, movimiento en que el instinto domina casi por completo la razón: Debemos procurar los libertarios que este movimiento tome la orientación que señala la Ciencia. De no hacerlo así, la Revolución que se levanta no servirá más que para sustituir un Presidente por otro Presidente, o lo que es lo mismo un amo porr otro amo. (…) No es posible predecir hasta dónde podrá llegar la obra reinvindicadora de la próxima Revolución; pero si llevamos los luchadores de buena fe el propósito de avanzar lo más posible por ese camino; si al empuñar el winchester vamos decididos, no al encumbramiento de otro amo, sino a la reinvindicación de los derechos del proletariado; si llevamos al campo de la lucha armada el empeño de conquistar la libertad económica, que es la base de todas las libertades, que es la condición sin la cual no libertad alguna; si llevamos ese propósito, encauzaremos el próximo movimiento popular por un camino digno de esta época; pero si por querer abreviar la contienda quitamos de nuestras tendencias el radicalismo que las hace incompatibles con las tendencias de los partidos netamente burgueses y conservadores, entonces habremos hecho obra de bandidos y asesinos… . (…) Ahora, ¡a luchar! La Revolución, incontenible, avasalladora, no tarda en llegar. Si quereís ser libres de veras, agrupaos bajo las banderas libertarias del Partido Liberal, pero si queréis solamente daros el extraño placer de derramar sangre y derrmar la vuestra ‘jugando a los soldados’, agrupaos bajo otras banderas, las “antirreeleccionistas por ejemplo, que después de que ‘juguéis a los soldados’, os pondrán nuevamente el yugo paronal y el yugo gubernamental; pero eso sí, os habreís dao el gustazo de cambiar el viejo Presidente, que ya os chocaba por otro flamante, acabadito de nacer”.

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