El Cumbres y la desigual distribución de la frivolidad

De repente, cinco adolescentes en un video de graduación sintetizaron todo lo que está mal con “nuestra élite”. Un salto cognitivo alucinante: ellos son la élite; sus actitudes la representación exacta de sus carencias; la ficción del video es, incuestionablemente, nuestra realidad. Mejor dicho, la medida exacta de la brecha entre su realidad y el resto del país.

Me parece un error y hasta un abuso centrar nuestra atención en un grupo de menores de edad. Desde el tono hasta el fondo. El vídeo es indudablemente sexista (eso no está a discusión), y de él pueden desprenderse infinitas lecturas sobre los muchachitos y las muchachitas… pero serán eso, “lecturas”. Asumimos, no sé bien cómo, que dado que van al Cumbres son en automático parte de un grupo llamado a dirigirnos y/o beneficiado de los peores síntomas de nuestra oligarquía.

Y desde ahí, las licencias que nos hemos dado para rotularlos es verdaderamente lamentable. Un public shaming sin restricciones. Desde algún lugar ubicado “en el lado correcto de la historia” adjetivamos, condenamos, reprobamos… hasta ofendemos. Todos los resentimientos contra cinco muchachitos y lo que a nuestros ojos representan. Sí, su actitud es chocante, el video es chocante, todas las implicaciones del guión son chocantes… pero es, aquí sí, un tema de particulares. Lo chocante no invita a una intervención pública. ¿Por qué tenemos que asumir nosotros el papel educativo (en sentido amplio) que pensamos padres y escuela no han asumido?

Es un mal argumento, lo sé, pero me cuesta pensar que no hay ejemplos de sexismo con mayor relevancia pública que un grupo de menores de edad simulando en casting. Lo mismo, el sexismo del video es obvio y triste. Por razón de su estatus, exigimos a cinco adolescentes nos rindan cuentas sobre el guión de su video de graduación; porque no son adolescentes, son, desde ya, “nuestros futuros líderes”; porque no es un guión, es, desde ya, su autobiografía; porque no es una torpeza adolescentil, es, desde ya, la síntesis de su clase.

¿Nuestro reclamo es su actitud en el video? ¿Representar un personaje que en nuestro imaginario probablemente se acerque demasiado a quienes creemos que son realmente? ¿Vivir y presentarse como sus circunstancias se lo permiten? ¿No tendríamos que voltear a ver las circunstancias y sus causas en lugar de apuntar dedos a adolescentes?

Hay, me parece, un tema que camina en el fondo del escándalo y que no hemos verbalizado del todo explícitamente: nos molesta su frivolidad. ¿Cómo en un país como este estos muchachitos se permiten tal despliegue de banalidad e indiferencia?

Puedo entender y apoyar una posición más general sobre nuestra cotidiana falta de empatía; sobre todo, nuestra ausencia de solidaridad pública… pero eso me lleva más al Estado (sus cooptaciones y complicidades) que a estos muchachos (aunque ellos y sus circunstancias sean factiblemente un resultado de ambos). En todo caso tendría que llevarnos pues a entender quiénes son sus padres y cómo llegaron a los lugares de privilegio que ocupan.

A mi me lleva sobre todo a replantear el agravio. Mi problema no es que estos muchachos sean frívolos; es que la frivolidad sea un lujo de pocos. Que la frivolidad de quienes pueden desplegarla así viene a costa de millones de mexicanos condenados a la necesidad y el apremio. Mi problema es que la frivolidad y las oportunidades para ejercerla (como tantas otras cosas en este país) estén tan desigualmente distribuidas.

Tengo para mi que un mundo mejor es un mundo de frívolos, un mundo en el que resueltas carencias y apremios, todos podamos ser un poco (o un mucho) imbéciles.

***Texto invitado de José Merino (@ppmerino)

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2 comentarios en “El Cumbres y la desigual distribución de la frivolidad

  1. Estaría padre que invitaran a escritores que tienen al español como primer idioma (¿qué es eso de “public shaming’? Por Dios).

    No se de quién es esa la idea de que es insultante que las clases privilegiadas ostenten su riqueza económica. Hay que quitarnos esos traumas.

    Y eso de que cuarentones critiquen a adolescentes de frivolidad es por demás ridículo.

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