Porno, estética y poder

Nos gusta el porno por la misma razón por la que nos gusta comer pizza o tacos. Definir o justificar ese gusto, es un esfuerzo que nos parece innecesario. Existen muchos tipos de porno, innumerables subgéneros y categorías por la simple razón de que todo (y nada) puede encajar  en una posible descripción.

Reconocemos que existe un debate alrededor de este tema, por ello invitamos a @Samnbk a platicar con nosotros en Resistencia Modulada. Sí acaso llegamos a una conclusión es que el porno, no puede ser sólo definido por el contenido que produce la industria californiana. Que si bien es cierto, el porno ha sido producido y consumido por “hombres, blancos y heterosexuales”, esto es sólo un reflejo de las disparidades y estereotipos preexistentes.  Cada de vez hay más porno, hecho de maneras distintas, con contenidos más diversos y para audiencias más heterogéneas.

¿Y a usted qué porno le gusta?

***

Bibliografía sobre porno y feminismo *

Estefanía Vela

Son múltiples los debates y reflexiones que han surgido, al menos a lo largo del siglo XX y XXI, sobre la pornografía.

Uno es el que ocurrió, primordialmente entre los cincuenta y sesenta en Estados Unidos, entre los conservadores y los liberales. Los primeros, para proteger a la población de la «suciedad» y «perversión» de la pornografía, exigían una intervención estatal que limitara (o de plano prohibiera) el acceso a este material. En Stanley v. Georgia, uno de los múltiples casos judiciales que se resolvieron en esa época, se realiza una pregunta que, me parece, resume a la perfección esta postura: «Si el Estado puede proteger el cuerpo de un ciudadano, ¿acaso no puede proteger su mente?» Los liberales, por su parte, teniendo como sustento la libertad individual y la privacidad, defendían una posición mucho más permisiva (si bien, también limitada) en relación a la pornografía.

Otros de los debates clásicos, éste más bien en el terreno de las artes y la filosofía (aunque también termina por traspasarse, muchas veces, al universo jurídico), es aquél que se pregunta por las diferencias entre el erotismo y la pornografía o por la naturaleza del porno. El erotismo de Georges Bataille, La llama doble de Octavio Paz, La ceremonia del porno de Andrés Barba y Javier Montes y las novelas del Marqués de Sade caerían, si los tuviera que clasificar, en esta discusión. Aquí es típico encontrar las posturas que ven en la pornografía algo heroicamente subversivo o trágicamente animal (la gran mayoría de las veces, en lo animal está lo subversivo). (Estos debates están hermanados con el primero. Pero, digamos, muchas veces se presentan como separados. O, vaya, son tan profundos y complejos que pueden separarse.)

Por último, está un debate que a mí me parece fascinante y que no siempre ha recibido la misma difusión. Es el que se ha suscitado entre las feministas y entre los que estudian la sexualidad (después de Foucault). Me di cuenta que había acumulado varios artículos y capítulos de libros que, de leerse en conjunto, podrían proporcionar una radiografía bastante completa de lo que es este debate. Presento los textos a continuación, para quien tenga interés:

1) Catharine MacKinnon y su «Sexuality, Pornography, and Method: ‘Pleasure Under Patriarchy’». La mayor (y mejor) expositora del feminismo que se preocupó por la violencia sexual, en general, y su relación con la pornografía, en particular, es MacKinnon. Ella fue, junto con Andrea Dworkin, autora de Pornography: Men Possessing Women (que también se debe leer), una de las que revolucionó en los ochenta la discusión en torno a este tema. Se convirtieron en un referente necesario si se quiere incursionar al mundo de la pornografía. Se esté de acuerdo con ellas o no, se tienen que leer. Sin ellas, la discusión posterior no se entiende. (De MacKinnon también vale la pena leer «Pornography as Defamation» and Discrimination y Only Words, si bien son textos más jurídicos que el que recomiendo originalmente. (Only Words es una belleza en cuanto a cómo está escrito. Belleza.) De ambas, sugiero Pornography and Civil Rights.

2) Gayle Rubin y su «Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad». Una de las madres de la teoría queer es Gayle Rubin. Este texto es paradigmático en el estudio de la sexualidad. Si bien proporciona herramientas para poder discutir con los conservadores clásicos (la Iglesia católica), en un apartado se dedica a discutir con las feministas mackinnonianas. Es Rubin la que le contiende a MacKinnon que, por ejemplo, el sadomasoquismo no siempre es un reducto de la violencia patriarcal cuyos ejes son la dominación y la sumisión. A veces, en actos como los sadomasoquistas encontramos instancias de libertad y resignificación importantes para la constitución de identidades diversas. Si se busca defender a las sexualidades diferentes, este es un texto fundamental.

3) Gayle Rubin y su «Blood Under the Bridge». Este texto es una reflexión de la misma Rubin sobre lo que «Reflexionando sobre el sexo» implicó para la academia y activismo feminista y queer, veinticinco años después de su publicación. Lo que me parece interesante de este texto es el recuento que realiza de las Sex wars entre las feministas radicales y las queers (las primeras actuando de manera bastante similar a muchos pro-vida)… Más que una aportación teórica, este artículo constituye una delicia histórica. Chisme puro del mundo feminista.

4) Wendy McElroy y su XXX: A Woman’s Defense of Pornography. Este libro es, como su título indica, una defensa desde la pornografía. McElroy discutía con MacKinnon, así que su propósito era argumentar porqué la pornografía (más allá de ser un tema de libertad de expresión (o privacidad) o algún otro argumento liberal del estilo), era algo que favorecería, en última instancia, a las mismas mujeres.

5) Linda Williams y su «A Provoking Agent: The Pornography and Performance Art of Annie Sprinkle». Linda Williams es, en sí, un referente en el mundo de la pornografía por su libro monumental Hard Core. Este libro se publicó cuando las sex wars estaban aún en su apogeo. Williams, una estudiosa del cine y la fotografía, quiso analizar a la pornografía como una narrativa en sí misma. Ir al texto y no sólo al contexto, por así decirlo. Su trabajo inauguró lo que se denomina los porn studies, (título, de hecho, de su segundo gran libro que es una compilación de trabajos de diferentes académicos: Porn Studies, otra de las obras que tiene que leerse en estos temas). El texto que aquí incluyo es un análisis de Williams de la madre del post-porno: Annie Sprinkle. Si Williams es la respuesta académica a MacKinnon, Sprinkle es la respuesta pornográfica a ese debate. Prostituta, stripper, actriz porno, performancera, activista, feminista: Sprinkle colapsa todas las categorías clásicas y obliga a quien sea que estudie estos temas a reconceptualizar. Las víctimas pueden ser heroínas, la sexualidad sí puede ser libre, la pornografía puede ser fuente de inspiración. El arte es política, la política es pornografía, la pornografía es arte y política. Referente obligado.

5) No puede faltar The Invention of Pornography, 1500-1800: Obscenity and the Origins of Modernity, compilado por Lynn Hunt. Es el libro más completo que conozco sobre la historia de la pornografía, como un fenómeno moderno.Aquí pueden encontrar el texto que escribió Hunt (que es la introducción al número) y el que escribió Kathryn Norberg sobre la prostituta en la literatura francesa («the libertine whore»). Aprovecho este espacio para no dejar de recomendar el documental Pornography: The Secret History of Civilisation. Es un documental que consiste de seis episodios, cada uno de casi una hora (cinco de los seis episodios están disponibles en línea). Va desde el descubrimiento de Pompeya en el siglo XVIII, pasa por la representación de la sexualidad en la Edad Media, hasta ya instalarse por varios capítulos en la modernidad.

6) Está también The Scandal of Pleasure: Art in the Age of Fundamentalism de Wendy Steiner, uno de los libros que más me marcó en torno a este tema. Incluye una recapitulación del juicio en contra de la obra del fotógrafo Robert Mapplethorpe y una comparación entre la estructura argumentativa y preocupaciones de MacKinnon y los conservadores (entre otras cosas).

7) Tim Stuettgen y su «Disidentification in the Center of Power: The Porn Performer and Director Belladonna as a Contrasexual Culture Producer». En este artículo, Stuettgen utiliza la teoría esbozada por Beatriz Preciado (otra de las teóricas queer) sobre el post-porno y la aplica a la actriz convertida en directora porno, Belladonna. Es fascinante porque, a diferencia del análisis de Sprinkle, aquí se estudia a uno de los íconos más importantes del mundo porno mainstream del siglo XXI. En el mero «centro del poder» ocurren resignificaciones que obligan a replantear gran parte del debate sobre el poder de las mujeres para disponer de sus propios cuerpos, placeres, sexualidades.

8) Aprovecho aquí para incluir Testo Yonqui de Beatriz Preciado. En este libro (una delicia absoluta) expone lo que es hasta ahora su disertación textual más articulada del post-porno. De Preciado también recomiendo Pornotopía, en donde analiza al imperio de Hugh Hefner y Playboy. Es una lectura muy divertida y, para mí, imperdible también. (En alguna entrevista ella llegó a decir que el estudio de Playboy es para la filosofía política contemporánea lo que la máquina de vapor fue para Marx.)

9) Para no decir que no incluí una respuesta de hombres liberales (clásicos) a este debate, sugiero la discusión que Ronald Dworkin tuvo con Catharine MacKinnon. En “Women and Pornography”, él reseñó y criticó Only Words, la obra monumental de MacKinnon en la que resumió y concluyó la postura que, por más de una década, había formado en torno a la pornografía (aquí su primer capítulo). Para un hombre que apoya y basa mucho de su propio trabajo en MacKinnon, recomiendo leer The Harm in Hate Speech de Jeremy Waldron.

10) En esta compilación no puede faltar el primer número de la revista Porn Studies, el primer journal académico dedicado por completo al estudio de la pornografía, estrenado hace unos meses. «Anti/pro/critical studies», de Clarissa Smith y Feona Attwood, es un artículo introductorio bastante claro que sirve para entender todo el debate feminista en torno a la pornografía, de hecho. Además de incluir dieciséis artículos sobre cómo se estudia la pornografía, el número incluye textos de Stoya (una de las actrices porno mainstream más populares del momento que, además de sus destrezas sexuales, tiene una pluma articulada y crítica sobre el tema), Madison Young (una de las directoras de porno feminista más conocidas) y Courtney Trouble (actriz y directora de porno feminista).

11) Por último, está Porno para mujeres de Erika Lust. Lust es directora de pornografía auto-proclamada feminista. Este libro es el lugar en el que explica cómo es que llegó a adentrarse a este mundo. Es una mezcla de un manifiesto, un estudio y una guía al estilo de Cosmopolitan para las mujeres que quieren entrar al mundo de la pornografía –como trabajadoras, como consumidoras, como productoras– sin morir en el intento.

Hay más literatura académica, sin duda. Esta es la que he encontrado en el Internet. Pueden encontrar, además, infinidad de textos escritos para blogs y revistas al respecto. La conversación sobre el tema no cesa. Al final, se trata de cómo la sexualidad de las mujeres y los hombres es representada. A veces, la discusión se enfoca específicamente en lo pornográfico; otras, en otros medios (la publicidad, las películas, la televisión, etcétera). Pero las preguntas que se lanzan tienden a ser las mismas: ¿cuál es la sexualidad que se representa en las pantallas o en las historias que nos contamos? ¿Cuál es el impacto de estas imágenes en las personas? ¿Cómo se incide (jurídicamente, sobretodo), en ello?

En fin. Que lo disfruten. (Y, obviamente: si se topan con algo, rólenlo.)

*Este texto fue publicado el 10 de 2014 en Pornucopia – El Universal

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