La Ley de la Jungla

La Ley de la Jungla.

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Dice Rudyard Kipling que la Ley de la Jungla no establece nada sin razón. Esta afirmación sobre la racionalidad de la ley antecede la mención de uno de los mandamientos más importantes de esa norma que dice que no se puede comer hombre excepto cuando se trata de enseñar a sus crías a cazar y en todo caso hay que hacerlo fuera de los territorios de la manada o tribu. Las razones de este precepto son dos, la más importante de ellas es porque cuando se mata a un hombre, tarde o temprano llegarán hombres blancos montados en elefantes, con rifles y centenares de hombres de piel tostada con gongs, fuegos de artificio y antorchas. Sin embargo, a los animales de la jungla les gusta decirse que es por la segunda razón y es que quienes comen humano se vuelven sarnosos y pierden los dientes, que también es cierto.

Apegarse a la Ley de la Jungla no es asunto de importancia relativa, pues de ello depende la sobrevivencia:

Es la hora del poder y el orgullo,

garra, colmillo, zarpa, ¡todo es uno!

Oíd, oíd la llamada: ¡buena caza tengan

los que la Ley de la Jungla observan!

Sin embargo, observar la ley no es cosa fácil como nada lo es en la Jungla. Además de las complicaciones de un sistema jurídico de fuente oral, los preceptos no son solo principios generales e interpretables de los que gustan quienes hablan de los derechos de la naturaleza como si “la naturaleza” fuera lo mismo que “la Jungla”. No, la Ley de la Jungla que todos la conocen, según nos dicen los lobos, es un complejo sistema donde hay supuestos, excepciones, enunciados imperativos,  sanciones y contiene reglas de legitimación así como otras normas adjetivas como las que regulan el proceso que se siguió ante el Consejo de la Manada del Pueblo de los Lobos que gobierna Akela, el juez máximo por su fuerza y astucia, para definir si Mowgli -como le llamaron los animales al cachorro humano y que significa la Rana- era aceptado en la manada:

El proceso consiste en el reconocimiento de las crías de la manada por todos sus miembros. Gracias a ese reconocimiento, los adultos se obligan a no cazarlos hasta que esas crías ya crecidas cacen su primera presa. Así pues, Mowgli es presentado al Consejo para ese reconocimiento, pero Shere Khan, a quien su madre tigre llamó Lungri el Cojo y que por eso solo caza ganado y humanos, tras atacar al padre de Mowgli y provocar que La Rana se convirtiera en La Rana, irrumpe y reclama su presa humana que apenas es un bebé pero ya tiene una madre loba dispuesta a defenderlo. Sin embargo, Akela ignora la causa de Shere Khan alegando que no cuenta con el derecho de hablar en el Consejo del Pueblo Libre que también así se hacen llamar los lobos.

Sobreseído Shere Khan, un lobo de la manada retoma la causa del tigre y objeta ante el Consejo que la Rana sea aceptada y reconocida por Pueblo Libre. La Ley de la Jungla, que también dispone de excepciones, establece que en ese supuesto dos miembros de la manada que no sean su madre y su padre deben hablar a su favor. Se apersona entonces Baloo, el gran oso, que tiene como oficio enseñar la Ley de la Jungla a las crías y cachorros de la manada de lobos y por eso es aceptada su opinión. Baloo es una de las voces que hablarán a favor de Mowgli pero de acuerdo con la ley son dos las voces que deben hablar. La voz que falta es la de Bagheera que se hace presente en esta etapa procesal y que a sabiendas de que carece de legitimación para hablar en el Consejo funda su actuación en otra excepción a la norma que dice si hay una duda que no sea una cuestión de vida o muerte con respecto a un nuevo cachorro, la vida de ese cachorro podría comprarse a determinado precio. Y la ley no dice quien está autorizado a pagar ese precio por lo que la pantera ofrece un toro por la vida de Mowgli. Acordado el precio, el Pueblo Libre aceptó a la Rana como un igual. Bagheera, sin embargo, le recuerda discretamente al cachorro humano que la Ley dispone que, aunque toda la jungla será ahora suya, no puede cazar ganado joven o viejo en nombre del toro que hizo posible que Mowgli fuera aceptado en la manada y que hizo que Shere Khan prometiera vengarse del Pueblo Libre y amenazara de muerte a la Rana.

El libro de la selva

Además de la Ley de la Jungla, existen la Ley del Bosque y la Ley del Agua que rige a los pueblos de animales que ahí viven: cómo distinguir una rama podrida de una resistente; cómo hablar cortésmente con las abejas salvajes cuando se encuentra una colmena a quince metros de altura; qué decirle a Mang el murciélago, cuando se lo molesta a mediodía y cómo alertar a las serpientes de los estanques antes de sumergirse de golpe en ellos. Entre estos pueblos pocas veces se da la colaboración porque generalmente a ninguno de ellos les gusta que los molesten. Pero en algunos casos, se dan excepciones con base en una suerte de ius animalium similar al ius gentium humano, como podría ser el derecho de caza. De aquí deriva, por ejemplo, la Llamada de Caza de los Forasteros que debía de repetir el animal que había entrado a los territorios de caza de otro pueblo Dame permiso para cazar aquí porque estoy hambriento hasta que recibiera respuesta Caza, pues, por alimento, y no por placer.

También existen las Palabras Maestras de la Jungla que protegen a quien las pronuncia de todos los pueblos que cazan en cuatro patas, de las aves y del Pueblo de las Serpientes. Estas palabras dicen algo muy sencillo como somos de la misma sangre tú y yo, pero no las conocen todos los animales de la Jungla y menos aún saben pronunciarlas. Mowgli las aprenderá, no solo de Baloo, sino también de las serpientes y de Hathi el elefante salvaje, que sabe todo sobres esas cosas.

Pero existe un pueblo sin ley, los Bandar-log o el pueblo de los monos que vive en los árboles, los simios grises, que comen cualquier cosa. No tienen lenguaje propio, usan palabras robadas que oyen aquí y allá cuando espían y por lo tanto no tienen “palabras de protección”. Tampoco tienen memoria ni tienen recuerdos: siempre estaban a punto de tener jefe, y leyes y costumbres propias, pero eso nunca sucedía porque su memoria no perduraba de un día para otro, de modo que llegaban a acuerdos diciendo: ‘lo que los Bandar-log piensan ahora, la jungla lo pensará más tarde’ y así se quedaban tranquilos.

De la aventura de Mowgli con el pueblo de los Bandar-Log solamente salieron cosas malas y como de acuerdo con la Ley de la Jungla la pena no remplaza al castigo, será Bagheera y no Baloo -porque fueron los coscorrones del oso los causantes de la desgracia- el encargado de la ejecución del castigo de Mowgli: media docena de golpecitos cariñosos desde la perspectiva de una pantera (…) pero para un niño de siete años equivalieron a una severa paliza. También es cierto que, como el castigo salda todas las cuentas y el asunto queda zanjado, la pantera llevó en su lomo al muchacho  mientras dormía exhausto durante el camino de regreso a la cueva.

Casi diez años tuvo que esperar Shere Khan para vengarse del Consejo, de Akela y al fin hacerse de su presa humana. La historia de la disputa por el poder y las traiciones entre el pueblo de los lobos habrá de leerse de la fuente directa, pero sirva citar lo que los lobos aclaman al final de esta historia porque es la razón más importante de la Ley de la Jungla: estamos cansados de la falta de ley y queremos volver a ser el Pueblo Libre.

@Juan_Calaveras

Rudyard Kipling

El Libro de la Jungla

Ilustraciones: Józef Wilkon

Libros del Zorro Rojo

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